📜 | CRÓNICAS DEL OLVIDO HISPANO: La II República

"Las crónicas y análisis expuestos en este espacio se fundamentan exclusivamente en registros históricos oficiales, diarios de operaciones militares y documentación diplomática desclasificada."



El 14 de Abril de 1931, España proclamó la Segunda República tras el exilio de Alfonso XIII, quien abandonó el país al perder el apoyo social y militar. El nuevo régimen nacía prometiendo una modernización basada en la educación pública y laica, reformas laborales, el sufragio femenino, la descentralización territorial y un reparto justo de la tierra.

Sin embargo, el origen del sistema albergaba un problema de base debido a que el cambio de régimen se instauró a partir de unas elecciones municipales, interpretando el triunfo republicano en las grandes ciudades como un mandato nacional, lo que generó desconfianza y rechazo en amplios sectores de las zonas rurales.

[INSERTAR VIDEO ELECCIONES]

Apenas un mes después, en Mayo de 1931, estalló el primer gran conflicto con la quema de iglesias, conventos y bibliotecas centenarias en Madrid, Málaga y Sevilla. La inacción del gobierno de Alcalá Zamora envió un mensaje de exclusión hacia los sectores católicos, convirtiendo el anticlericalismo en un eje político mediante la expulsión de los jesuitas y la prohibición de la enseñanza religiosa. El régimen comenzó a percibirse no como una república para todos, sino como una república contra muchos.


Paralelamente, la reforma agraria se aprobó tarde, mal y sin los medios necesarios, provocando la ocupación de fincas por parte de jornaleros y enfrentamientos con la Guardia Civil, mientras los grandes terratenientes comenzaban a financiar a la oposición. En el estamento militar, las purgas y jubilaciones forzosas promovidas por la reforma de Azaña humillaron y resintieron a la oficialidad, sembrando de forma temprana la semilla del golpismo.

Las elecciones de 1933 dieron un vuelco hacia la derecha con el triunfo de la CEDA. La izquierda se negó a reconocer el resultado y facciones del socialismo, lideradas por Francisco Largo Caballero del PSOE, se radicalizaron hacia la vía revolucionaria. La entrada de la CEDA en el gobierno en Octubre de 1934 desató la insurrección armada. En Asturias, los mineros proclamaron una República Socialista, mientras en Cataluña, Lluís Companys proclamaba el Estado Catalán dentro de la República Española.

El gobierno central sofocó la rebelión mediante el empleo del ejército, delegando la dirección de las operaciones estratégicas en el general Francisco Franco desde el Estado Mayor en Madrid. La respuesta militar y la subsiguiente represión en Asturias dejaron cientos de muertos y miles de detenidos, abriendo heridas ya irreparables en sociedad española.


Con la victoria del Frente Popular en las elecciones de 1936, el orden público se desmoronó. La primavera de 1936 se convirtió en un polvorín de atentados, saqueos de templos y patrullas de milicias armadas. El punto de no retorno llegó en Julio con el asesinato de José Calvo Sotelo, líder de la derecha parlamentaria, ejecutado por miembros de la Guardia de Asalto en venganza por la muerte previa del teniente José del Castillo Sáenz de Tejada. 

Este asesinato fue el culminante para el golpe de estado del 17 de Julio de 1936, iniciado por el ejército de África en Melilla, Ceuta y Tetuán bajo la dirección de generales como Mola, Franco, Queipo de Llano y Cabanellas.

El golpe de Estado derivó rápidamente en una larga y violenta guerra civil que partió al país en dos bloques. En los primeros meses, la zona republicana sufrió un colapso total de las estructuras del Estado. El poder real pasó a manos de milicias obreras, anarquistas y comunistas que multiplicaron el uso de checas además de una persecución violenta que se cobró la vida de más de 6.000 religiosos dando lugar a las masivas matanzas como los fusilamientos de Paracuellos del Jarama. En la zona nacional, controlada bajo disciplina militar por el general Franco, la represión contra alcaldes, maestros y dirigentes de izquierda fue sistemática y organizada, restaurando el poder de la Iglesia bajo el culto al "Glorioso Alzamiento Nacional".

[VIDEO PARACUELLOS DEL JARAMA]

El conflicto pronto se internacionalizó. Mientras las potencias democráticas (Francia y Gran Bretaña) promovían el Comité de No Intervención cerrando sus fronteras, la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini apoyaron activamente al bando nacional con tropas y bombardeos aéreos. Ante el aislamiento exterior, el gobierno del Frente Popular recurrió a la única potencia dispuesta a suministrar armamento: la Unión Soviética.


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🧭 | La España soviética: El satélite de URSS en el Mediterráneo - (1936 Alt.).

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Esta ayuda interesada de Stalin se cobró a un doble precio. Por un lado, el control político interno por parte del Partido Comunista (PCE), desató una guerra dentro de la guerra civil en la zona republicana con persecuciones a trotskistas y enfrentamientos armados contra los anarquistas en Barcelona (1937). Por otro lado, las reservas de oro del Banco de España fueron vaciadas para pagar los suministros soviéticos, en la operación históricamente conocida como el "Oro de Moscú".

En 1937, la situación militar de la República era crítica. Tras la caída de Málaga y el hundimiento del Frente Norte (Vizcaya, Santander y Asturias), el gobierno perdió su motor industrial y minero. Las ofensivas republicanas, como la batalla de Brunete, se saldaron con enormes pérdidas a cambio de avances insignificantes. Debido a esta gran asfixia militar, emergió la figura de Indalecio Prieto que por aquel entonces era el Ministro de Defensa Nacional.

Bajo la premisa de "comprar al armero" ante la imposibilidad de adquirir armas libremente, Prieto ideó un plan secreto de alcance geopolítico, ofrecer al Imperio Británico el control de tres enclaves portuarios de altísimo valor estratégico a cambio de un suministro masivo de armamento moderno (aviones, tanques y artillería) que permitiera al gobierno revertir la marcha de la guerra civil.

Las tres enclaves portuarias eran Vigo (Galicia), Cartagena (R. de Murcia), Mahón (Isla de Menorca en Islas Baleares). Este plan secreto ha quedado constatado en la historiografía a través de dos fuentes documentales principales: el testimonio escrito en 1944 del comandante republicano Alberto Bayo en sus memorias, y el respaldo parcial del Informe Goddard, un documento desclasificado del Foreign Office británico donde el oficial Robert Goddard registró las conversaciones exploratorias de Prieto sobre el uso de Cartagena y Mahón por parte de Inglaterra.



A pesar de que la oferta era una oportunidad histórica para el imperio, la propuesta chocó frontalmente contra la política del primer ministro conservador Neville Chamberlain. Por aquel entonces, la doctrina de Londres se basaba en evitar la guerra europea realizando concesiones a Hitler y Mussolini. Intervenir en España a favor de un gobierno del Frente Popular era visto por la élite conservadora y financiera como una provocación que adelantaría la Segunda Guerra Mundial. Además, la clase alta británica desconfiaba de la influencia soviética en la República y miraba a Franco como un militar de orden tradicional que salvaría las inversiones mineras y comerciales británicas del territorio español.

Londres optó por prolongar la resistencia de la República para desgastar los recursos militares de Alemania e Italia en suelo español, utilizando al régimen republicano como un peón sacrificable. 

Poco después, el sector comunista, liderado por Juan Negrín, desplazó a Prieto e impuso la consigna de "resistir es vencer", vinculando los restos del Estado a la dependencia de la Unión Soviética por pensar que los sectores anarquistas y republicanos más puristas, tenían la idea de ceder puertos coloniales a una potencia extranjera como una traición a la soberanía nacional.

En 1939 se consumó el desenlace y tras la caída de Barcelona en Enero y con Madrid rodeada, el coronel Segismundo Casado lideró un golpe de Estado dentro de la propia República contra el gobierno de Negrín y el PCE, buscando una negociación desesperada que evitara la influencia comunista de la URSS. La República terminó autodestruyéndose internamente y el 1 de Abril de 1939, el general Franco firmó el último parte de guerra, certificando la disolución del régimen republicano.

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